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No.5 | Octubre / 06 :: | DAR LA VUELTA AL ESPEJO : Miquel Torres
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![]() Reseña ________________________________DAR LA VUELTA AL ESPEJOUno de los episodios más importantes de la historia de Colombia, contado desde la perspectiva de los perdedores: el supuesto asesino y el país entero. Eso es la novela de Miguel Torres y este texto.
El crimen del siglo
Seix Barral
Por Adriana Serrano C.
Ocurrió el nueve de abril de 1948 a la una y cinco de la tarde. Jorge Eliécer Gaitán, un político liberal que había sido capaz de captar las necesidades de las clases populares y lo expresaba con vigor en sus discursos, el hombre más opcionado para ganar la presidencia de Colombia en las elecciones de 1950, murió asesinado al salir de su oficina. El homicidio desencadenó una revuelta popular que en un solo día arrasó con la Bogotá del siglo XIX. ¿Quién apretó el gatillo del revólver que con tres disparos acabó con la vida de Gaitán? Hasta ahora, la historia nos ha dicho que el asesino fue Juan Roa Sierra, un desempleado con delirios mentales sin ningún vínculo con partidos u organizaciones políticas. Miguel Torres*, en su novela El crimen del siglo, cuenta lo que ocurrió ese nueve de abril, a través del supuesto asesino, Juan Roa Sierra. Éste es el eje fundamental de la novela. Roa Sierra era un hombre de veintisiete años y una personalidad compleja. Era tímido y solitario; vivía con su madre en una casa del barrio Ricaurte y sufría delirios que lo llevaban a creer que él era la reencarnación del General Santander. Pasaba horas contemplándose en un espejo, en el encierro de su cuarto, vestido como el prócer, deleitándose en la grandeza que le inspiraba este personaje. Pertenecía a la orden Rosacruz y frecuentaba a un astrólogo alemán quien, quizás, era su nexo más cercano con la realidad y había pasado a ser su consejero de cabecera. Su vida había transcurrido en medio de la escasez de dinero y su mayor obsesión consistía en encontrar un empleo que le permitiera recuperar a la madre de su hija, una mujer joven y atractiva que lo había abandonado por sus sucesivos fracasos, su imposibilidad de proveer lo necesario para mantener un hogar y sus crisis de personalidad. En la novela, este personaje sirve como testimonio de la situación de Colombia en ese entonces. Roa Sierra era un hombre de clase media baja y, al igual que miles de colombianos de su generación, vivía con asombro el desarrollo de la violencia campesina que, desde 1938, imponía una división irreconciliable entre liberales y conservadores. La vida de las clases populares consistía en la lucha diaria por conseguir lo necesario para pasar de manera medianamente digna de un día a otro, sin más esperanzas ni ilusiones; Juan Roa Sierra encarnaba esta situación y, justamente por ello, en varias ocasiones había tenido que enfrentar el dilema moral de caer en la delincuencia para conseguir el dinero que necesitaba o mantenerse firme a unos principios que cada vez se veían flaquear más, de manera generalizada, en todo su entorno. Así iban penetrando las consecuencias de la guerra en la vida cotidiana de la gente y Miguel Torres logra retratar esta situación a partir del relato de los detalles mínimos de la vida de este personaje. La novela de Torres se acerca a las diferentes versiones que han surgido sobre los posibles responsables de la muerte del caudillo a través de la condición de fracasado de su personaje, pues ya es casi lugar común la idea de que este crimen tenía tras de sí más de un interés político y que un joven pusilánime y poco diestro en los asuntos de la vida, difícilmente habría podido idear y ejecutar cualquier plan. La sospecha de una conspiración tras la muerte de Gaitán queda esbozada en la novela con la presencia de diferentes actores —nacionales y extranjeros— que se cruzan de manera casi accidental en la vida de Roa Sierra, todos ellos con comportamientos sospechosos o abiertamente dispuestos a la ejecución del crimen. Roa, que además de fracasado es torpe e ignorante, resulta envuelto en planes provenientes de diversas orillas políticas y económicas, sin darse apenas cuenta de ello, pues lo único que sabe es que le pagarán cinco mil pesos por encargarse de hacer el trabajo sucio y que, tal vez cumpliendo con ese encargo, esos señores valorarán su desempeño y le conseguirán el empleo que tanto ha esperado. Su implicación en el asesinato sería entonces meramente accidental; una consecuencia más en su larga cadena de decisiones mal tomadas debido a su falta de carácter. El crimen del siglo es un retrato de Bogotá y de Colombia a mediados del siglo XX, de eso no hay duda, pero quizás su mayor logro consiste en que recrea la atmósfera de la época y plasma el sentimiento de desazón, incertidumbre y desconcierto de un pueblo que veía a su país ad portas de cambiar su historia para siempre. Miguel Torres utiliza como escenario el asesinato que más ha estremecido la historia de Colombia y no es gratuito este recurso, pues la figura de Roa Sierra, los rumores de conspiración tras la muerte de Gaitán, la crítica situación política del momento y el olvido de este caso tras la muerte del supuesto asesino, crean las condiciones necesarias para que el lector fácilmente vuelva a revisar la historia y mire la realidad del país tras casi sesenta años de ocurridos estos hechos. El crimen del siglo da la vuelta al espejo de la historia para que el lector se mire desde el otro lado y nos ofrece una forma de recuperar la memoria en la que es necesaria la conciencia de que el paso del tiempo no siempre sigue un curso lineal. Así, queda por resolver un gran interrogante: ¿Cuál fue el crimen del siglo? La respuesta obvia sería: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Pero también podría serlo el de Roa Sierra o quizás la muerte de la inocencia de un pueblo, y aún más, el destino de fatalidad que ha seguido la historia de Colombia desde aquella tarde de 1948. Corresponderá al lector revisar la historia y elegir.
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