Reseña ________________________________

DESTINO: MÉXICO Y SUS LUCHAS SOCIALES

El heroísmo sindical y la fuerza de la mujer ocurren gracias a un tren. Este vistazo a El tren pasa primero de Helena Poniatowska, explica cómo esos elementos conforman la novela.

El Tren Pasa Primero

El Tren Pasa Primero
Elena Poniatowska

 

Editorial Alfaguara
Bogotá, 2006, 497 págs.

 

Por: Andrea Leyton.

 

Obra de hazañas políticas, sociales y económicas, en un país que no se rige por la integridad y que lanza sus miras hacia los grandes movimientos mundiales que luchan por el resurgimiento de la igualdad, el trabajo y una estructura social transparente.

A partir de historias verdaderas que se despliegan poéticamente a través de cada capítulo que compone las tres partes de la obra, se evidencian, en una suerte de cuadro de costumbres, los pormenores de una cultura, mitad india, mitad mestiza, que se debate entre el azar de la vida moderna, su tecnología y sus revoluciones sociales, y la pasividad anacrónica que desconoce cualquier noción de cientificismo, permaneciendo supeditada al conocimiento empírico de la tierra, el trabajo, la familia y los dioses ancestrales.

En El Tren Pasa Primero se novelan datos verídicos de la historia sindical ferrocarrilera del México post-revolucionario. Trinidad Pineda Chiñas, personaje principal y líder que se adjudica la responsabilidad de restablecer el orden y la justicia del mundo, aparece como el Prometeo del sindicato ferroviario: amigo y benefactor que brinda a los sojuzgados trabajadores la lumbre de la verdad, la palabra y la rebelión, como único medio que guía hacia una pugna legal por la recuperación de los derechos básicos del campesinado y de los asalariados de multinacionales vorazmente doblegadas por intereses extranjeros.

Así mismo, este personaje sufre los embates, las luchas y las huelgas de hambre en contra de las arbitrariedades:

“He pasado noches a la intemperie..., he amanecido empapado por el rocío de la madrugada, me ha costado mucho ponerme de pie y creí que jamás lo lograría de tan entumecido, he aguantado días sin comer, cuando me ha ido bien, dormí en sótanos o en carros de ferrocarril, tuve hambre y frío, sentí que ningún fuego, ningún abrazo me calentaría pero en medio de mi pobreza sé que si un solo hombre lucha y no se deja morir, la vida vale la pena”.

Esta figura líder, desarrollada con veracidad, es retratada en todo su esplendor social y en todo su desatino emocional. Atraído a la tierra por el peso de la historia y el realismo que caracteriza a la escritora, Trinidad Pineda Chiñas es un hombre pequeño, con una débil apariencia que certifica el temor desmedido que siempre ha tenido por los trabajos forzados, pese a que tuvo que crecer en un ambiente rudo y patriarcal, donde sus inclinaciones siempre estuvieron divididas entre la lectura y las contemplaciones femeninas:

“La lectura lo lleva muy lejos: sueña con irse de Nizanda para conocer más gente y aprender lo que en su pueblo ya nadie puede enseñarle. Regresará a salvarlos, se jura a sí mismo que gracias a él, además de la consabida cancha de fútbol, algún día habrá secundaria, maestros, un hospital, una biblioteca y talleres de zapatería, carpintería, talabartería, forja, higiene, costura, corte y confección. A los maestros les pagará bien para que no se larguen”.

Se tejen, alrededor del nómada salvador, historias y personajes que marcan trascendentalmente su vida y su labor sindical; protagonistas femeninos que van desde la figura nacional de la locomotora hasta la complicidad y diligencia de amantes, madres, tías, sobrinas e hijas: “No son los hombres mis semejantes sino las mujeres que me aman sin juzgarme, me aman en contra de todo, en contra de mi derrumbe, mi pobreza, mi debilidad, en contra de lo que haga y lo que pueda hacer, hay en ellas algo primitivo que concuerda conmigo”; y así mismo, la mujer que en la lucha no se queda atrás:

“Más de tres mil mujeres gritaban consignas. Se veían fuertes, nuevas, como si hubieran cambiado de un día al otro. Hacían mucho ruido y no le asustaba que las llamaran locas. En esa manifestación pidieron a los hombres que no asistieran para no confrontarlos con los soldados. Las esposas de los rieleros blandían una manta: ‘Abajo los charros’. Sin embargo estas mujeres solas necesitan protección “y ahora él tenía a esta hija, Scherezada, que lo seguía como antes su sobrina. ‘¡Pobrecita, es mujer!’ pensaba Trinidad. Lo invadía una compasión infinita por ese ser débil e indefenso que lo miraba con ojos confiados y algo se le removía por dentro”.

Existe en la obra una preeminencia de personajes masculinos que luchan contra las desigualdades pero que, finalmente, se encuentran derrotados ante sus emociones, y su vulnerabilidad supera la técnica filosófica, científica y política. Es la figura de la mujer la detonante ante esta fractura en la personalidad de aquellos héroes sociales: su papel presenta una coyuntura literaria, un paradigma que se representa con una aparente debilidad (desde la perspectiva masculina) que es, al fin, una fuerza insondable que supera los mitos sociales.

En una bella prosa, la escritora polaca de origen francés, radicada en México desde su infancia, recrea con naturalidad y verosimilitud las formas del habla coloquial mexicanas, dándole un manejo profundo al argot ferrocarrilero. La novela contrasta temporalmente sucesos y personajes históricos a partir de una rica narrativa en la que se mezclan acontecimientos y diálogos, con voces y tiempos que aparecen y desaparecen a la manera de la oralidad. Diálogos intempestivos y voces de las que hecha mano la voz narrativa, que se flexibiliza hermanando las dimensiones del tiempo, actualizado constantemente en pasados que recobran su presente y presentes que se encaminan a la lucha por la libertad y la justicia del hombre asalariado.

Es así como el lector se enfrenta a una novela en la que se entrelazan, de manera poética, los cuestionamientos dominantes de la vida mexicana de los años posteriores a la revolución, en los que se registra, rigurosamente, la particularidad del hombre y la mujer abatidos por un sistema social que conviene a pocos.


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