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Opiniones _____________________________

Violencia contra las mujeres y aborto

Por: Luis Carlos Henao *

La violencia y la discriminación contra la mujer, sean físicas, morales o de cualquier tipo, deben ser desterradas mediante leyes y castigos claros, aspecto sobre el cual el legislador está aún en deuda.

Y una de estas violencias en contra de la mujer es el intento de declarar el aborto como un nuevo derecho humano, es decir, de anunciar que a la mujer se le ha negado hasta ahora un derecho inherente a su naturaleza humana. Sin embargo, bien mirado el asunto, no se trata más que de una nueva y sofisticada forma de violencia contra la misma mujer, que tiene causas muy claras y económicamente perversas.

Ante el fracaso de las políticas antinatalistas (uso masivo de anticonceptivos) impuestas por organismos internacionales (como la Organización Mundial de la Salud) a los países en vía de desarrollo, estos mismos organismos y varios conglomerados económicos internacionales decidieron cambiar de estrategia.

Como ya no se podía apelar a la “buena voluntad” de las mujeres respecto al uso de anticonceptivos y como las esterilizaciones masivas efectuadas por algunos gobiernos eran vistas como una “violación a los derechos humanos”, había que difundir la idea de que el aborto constituía un “derecho humano”, es decir, algo que supuestamente se desprendía de la misma condición humana de la persona. Pero dos obstáculos impedían estos propósitos: las Constituciones nacionales y las creencias religiosas.

Para nuestro caso, las Constituciones nacionales latinoamericanas, como la de Colombia, se fundan en el respeto a los derechos humanos, el primero de los cuales es el de la vida, razón por la cual se penaliza y castiga el aborto. Seamos claros: se penaliza y castiga a quien práctica el aborto y a quien lo solicita, pues es considerado un delito. Seamos aún más claros: se trata del asesinato de un niño o una niña absolutamente indefensos. Así pues, el niño o niña en el seno materno están amparados por la ley, aunque a este respecto falta una legislación sobre la condición personal e individual del embrión humano (término médico).

Para poder efectuar un viraje legal, es decir, para poder declarar “legal”, lo que objetiva y éticamente es “ilegal”, había que propagar la idea de que la mujer es dueña de su cuerpo y, por lo tanto, puede hacer con él lo que quiera. Así las cosas, impedir a la mujer hacer lo que quiera con su cuerpo, constituiría una violación al supuesto derecho de hacer de sí mismo lo que cada cual quiera (el ilusorio “libre desarrollo de la personalidad”, el cual, en justicia, debería llamarse “libre y responsable desarrollo de la personalidad”). Lo más absurdo del asunto, es que en esta forma de argumentar, el niño o niña en el seno materno son rebajados de su condición de personas e individuos a una incómoda “adiposidad” que puede ser apartada quirúrgicamente. Peor aún, esa “adiposidad” (el niño o niña en el seno materno) constituyen, ya no un motivo de felicidad, sino un riesgo gravísimo y una injusticia para la vida mujer.

Estos son los argumentos con los cuales se quiere justificar el aborto en caso de deformación física del niño o niña, en caso del supuesto riesgo para la vida de la mamá, y en caso de violación. Así las cosas, la mujer se ve obligada a ver su propio cuerpo como a un enemigo, como algo hostil y a su niño o su niña como una enfermedad, como un tumor que debe ser erradicado (por eso el aborto es, en verdad, un acto de violencia contra la misma mujer).

Se trata, entonces, de argumentos “humanitarios” y “razonables”, frente a los cuales la opinión pública cae rendida. Se trata de “humanizar” un crimen, de suscitar sentimientos “humanitarios” para aprobar un crimen (todo lo puede la propaganda), de proporcionar argumentos inobjetablemente “humanitarios”, para declarar el aborto como un nuevo derecho “humano”. No es pues raro, que haya sido un abogado, mejor dicho, una abogada, la impulsora de la demanda ante la Corte constitucional. Los procedimientos deben ser “legales” hasta el último momento. No puede ser más paradójico, aquí, el término “abogado”, que proviene de “abogar”, el cual significa “interceder, hablar en favor de alguien”.

El segundo obstáculo, el de las creencias religiosas, podría ser más difícil de superar. Como la fe cristiana es la más arraigada del continente americano, y esta fe defiende el respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte y considera pecado mortal el asesinato, se constituye verdaderamente en un impedimento para los promotores internacionales del aborto. Así las cosas, el siguiente paso consistía en desacreditar las instituciones religiosas encargadas de mantener viva en la sociedad, en los fieles y en los hombres de buena voluntad, la conciencia del valor sagrado de la vida y de la persona humana.

Una vez hecho el trabajo sucio de “sensibilizar” a la opinión pública para que adhiriera a los “humanitarios” y “razonables” argumentos a favor del aborto, el cual sería aceptado como un “derecho humano”, la Iglesia debía ser atacada con el adjetivo de “retrógrada”, pues al negar el aborto, estaría en contra de los derechos de la mujer, es decir, la Iglesia, los creyentes y los hombres de buena voluntad como “violadores” de los derechos de la mujer.

El trabajo ha sido hecho. Una vez más se ha obviado la verdad en los debates, y el sistema “democrático” falló, según “claros y transparentes procedimientos legales”, a favor del aborto. Por voto democrático, lo que ayer era considerado un delito es ahora considerado un derecho. No olvidemos que la muerte de Cristo obedeció a un procedimiento claramente democrático, pues Pilato pidió al pueblo votar por Barrabás o por Jesús. No hay que olvidar, tampoco, que la mujer de Pilato advirtió a su esposo de no involucrarse en la suerte de aquel hombre justo, por cuya causa no había podido dormir. Ella tenía aún la conciencia limpia y sabía discernir con claridad entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia. El resto lo conocemos todos.

Así pues, el Estado, en lugar de responder a su obligación de apoyar y proteger socialmente a la mujer en su condición de madre o madre soltera, le propone el aborto, el sacrificio de sus hijos.

El camino justo es el de defender a las mujeres y a los niños de la violencia social que impele a las mujeres a abortar, es el de apoyarlas con leyes que las protejan y privilegien tanto en su trabajo profesional como en su condición de madres.

Se trata, en fin, de optar por una sociedad humana o por una sociedad inhumana.

 

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