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Dossier de poemas sobre el Exilio

Selección Fredy Yezzed López

 


Enrique Linh

Chile, 1929-1988.

Nunca salí del horroroso Chile

Nunca salí del horroroso Chile
mis viajes que no son imaginarios
tardíos sí —momentos de un momento—
no me desarraigaron del eriazo
remoto y presuntuoso
Nunca salí del habla que el Liceo Alemán
me infligió en sus dos patios como en un regimiento
mordiendo en ella el polvo de un exilio imposible
Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor:
el miedo de perder con la lengua materna
toda realidad. Nunca salí de nada.

(De Porque escribí)

 


Pedro Lastra

Chile, 1932.

El exilio o el reino

Si algún dios furibundo
nos expulsa otra vez del paraíso
que tú y yo hemos creado
fundaremos una nueva ciudad bajo las aguas
en esos escondites sumergidos
donde no importan las noches ni los días
y todo lo que amamos será nuestro
y todo amor
a nuestra semejanza

(De Carta de navegación)

 


José Luis Díaz-Granados

Colombia, 1948.

Saudades

El exilio es un súbito delirio
por saudades, por muecas, por aromas,
por espantos, sabores o razones,
por escombros o por fotografías.

Es una camisa prestada
que nos queda grande
o chica,
pero nunca a la medida.

(De Colombia ausente)

 


La casa nueva

El exilio es una nueva empresa,
un nuevo oficio.

Los flameantes compañeros
parecen viejos
que acaban de nacer.

Todo es nuevo.

Hay nuevos modos de reír
y de llorar.

Hay otro estilo
de meter la pata y de cortarse el pelo.

Todo es reciente,
inédito, curioso,
impertinente, extraño, sorpresivo.

El exilio es una casa enjaulada,
con una ventana
y dos puertas.

(De Colombia ausente)

 


Juan Gelman

Argentina, 1930.

Mi Buenos Aires querido

Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.

Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.

Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.

(De Gotán)

 


Nota XII

A Manuel Scorza

los sueños rotos por la realidad
los compañeros rotos por la realidad/
los sueños de los compañeros rotos
¿están verdaderamente rotos/perdidos/nada/
se pudren bajo tierra?/¿su rota luz
diseminada a pedacitos bajo tierra?/¿alguna vez
los pedacitos se van a juntar?
¿va a haber la fiesta de los pedacitos que se reúnen?
y los pedacitos de los compañeros/¿alguna vez se juntarán?
¿caminan bajo tierra para juntarse un día como dice
manuel?/¿se juntarán/un día?
de esos amados pedacitos está hecha nuestra concreta
soledad/
per/dimos la suavidad de paco/la tristeza de haroldo/la
lucidez de rodolfo/el coraje de tantos
ahora son pedacitos desparramados bajo todo el país
hojitas caídas del fervor/la esperanza/la fe/
pedacitos que fueron alegría/combate/confianza
en sueños/sueños/sueños/sueños/
y los pedacitos rotos del sueño/¿se juntarán alguna vez?
¿se juntarán algún día/pedacitos?
¿están diciendo que los enganchemos al tejido del sueño
general?
¿están diciendo que soñemos mejor?

(De Notas)

 


Cristina Peri Rossi

Uruguay, 1941.

El arte de la pérdida
(Elizabeth Bishop)

El exilio y sus innumerables pérdidas
me hicieron muy liviana con los objetos
poco posesiva
Ya no me interesa conservar una biblioteca numerosa
(vanidad de vanidades)
ni colecciono piedras
botellas cuadros
encendedores
plumas fuentes –así se llamaban en mi infancia
las codiciadas e inasequibles estilográficas
Parker y Mont Blanc–
ni necesito un amplio salón para escribir
al abrigo de los ruidos de la calle
y de los ruidos interiores
 
El exilio y sus innumerables pérdidas
me hicieron dadivosa
Regalo lo que no tengo –dinero, poemas, orgasmos
Quedé flotando –barco perdido en altamar–
con las raíces al aire
como los nervios de un condenado
 
Despojada
desposeída
dueña de mi tiempo
Y con él tampoco soy avara:
sería ridículo pretender administrar
un bien desconocido.

(De Estado de exilio)

 


Dialéctica de los viajes

Para recordar
tuve que partir.
Para que la memoria rebosara
como un cántaro lleno
—el cántaro de una diosa inaccesible—
tuve que partir.
Para pensar en ti
tuve que partir.
El mar se abrió como un telón
como el útero materno
como la placenta hinchada
lentas esferas nocturnas brillaban en el cielo
como signos de una escritura antigua
perdida entre papiros
y la memoria empezó a destilar
la memoria escanció su licor
su droga melancólica
su fuego
sus conchas nacaradas
su espanto
su temblor.
Para recordar
tuve que partir
y soñar con el regreso
—como Ulises—
sin regresar jamás.
Ítaca existe
a condición de no recuperarla.

(De Estado de exilio)


Maruja Viera

Colombia,1941.

Exilio (1980)

Mi patria eran tus manos,
tu mirada,
el suave calor
de tus labios.

Ya no tengo tu hombro
para mi cabeza rendida.
No tengo nada.
Veinte años de exilio,
amor mió,
veinte años sin patria!

(De Mis propias palabras)


Fernando Charry Lara

Colombia, 1920- Estados Unidos, 2004.

Exilio

El hombre entristecido mira
Caer vehemente la luz a su ventana:
Distraído contempla la distancia
De espumas como olas, lejanías.
Leves despiertan a su nostalgia
Los reflejos de otros días,
Y es ocio y congoja de una tarde
Por gracia de este cielo,
Que a su imagen
Es mar azul, playas doradas, islas,
Regresar desde la claridad de unas nubes
En el desmayo ávido del instante
Hacia la antigua soledad romota.

Mas no puede la frente melancólica
Soñar con esperanza sus recuerdos.
Volver a la tierra perdida
Seria también deslumbramiento amargo:
Un sol ajeno se levanta
Como espada en mano enemiga.
Y su deseo es apenas
La pasión lánguida de la adolescencia en olvido,
Un indolente jardín o una calle,
Su deseo es apenas un aire,
Si nocturno, de borrosas estrellas,
Si de fulgor o nieve,
Si de sol sangriento en el ocaso.

Sin testigo,
La oscuridad del rostro en los cristales,
Bajo la luz que anochece punzante a la ventana
Sus miradas entonces se obstinan,
Frías, tenaces de silencio,
Más allá,
Entre vagas nubes o mares.

Puñal siempre en el pecho es la memoria.
Callar consuelo ha sido.
Mejor será
Morir secreta mente a solas.

 


Tomas Segobia

España, 1927.

El extranjero

No le toques los pechos Extranjero
A esta sombra con fiebre que esta noche
Anocheció tan hembra
Por los linderos de los residentes
Todo el verano de ellos

Escúchalos dichosamente extraviados
Sin saber cómo hacer
Para entender bajo sus propias voces
Este lamento de la plenitud
Que tan claro se oye en tu silencio

Y tienes que vagar a solas
Por las quietas afueras de su fiesta
En tu ramo nocturno en la sombra cortado
Y bañarte tan sólo en murmuras de espumas

No saben que su amo
Tiene en ti un siervo más
Que también el verano te devuelve un rato
Tu corazón con llaga
Nadie sabe aquí el nombre
De tu amor extranjero

Y tienes que alejarte al borde de la noche
A decirlo a sus muertos
Que duermen allá afuera y que piensan en ti
Tras sus pesados párpados cerrados.

 


Mario Benedetti

Uruguay, 1923

Viento de Exilio

Un viento misionero sacude las persianas
no sé qué jueves trae
no sé qué noche lleva
ni siquiera el dialecto que propone

creo reconocer endechas rotas
trocitos de hurras
y batir de palmas
pero todo se mezcla en un aullido
que también puede ser deleite o salmo

el viento bate franjas de aluminio
llega de no sé donde a no sé donde
y en ese rumbo enigma soy apenas
una escala precaria y momentánea

no abro hospitalidad
no ofrezco resistencia
simplemente lo escucho
arrinconado
mientras en el recinto vuelan nombres
papeles y cenizas

después se posarán en su baldosa
en su alegría centímetro
en su lástima
ahora vuela como barriletes
como murciélagos como hojas

lo curioso lo absurdo es que a pesar
de que aguardo mensajes y pregones
de todas las memorias y de todos
los puntos cardinales

lo raro lo increíble es que a pesar
de mi desamparada expectativa

no sé qué dice el viento del exilio
(De Viento de exilio)
Robert Graves
Gran Bretaña, 1895- 1985.

 


La capa

Al destierro, con unas pocas camisas,
algunas monedas de oro y los papeles necesarios.
Pero los vientos son contrarios: el paquebote del Canal
retorna una vez y otra, con el lord mareado,
a Sándwich, Deal o Rye. Él no baja a tierra,
conserva su camarote: de modo que al fin nos lo encontramos
en humilde alojamiento, acaso en Dieppe;
las camisas sin desempacar, el gorro de dormir en un gancho,
pasando los días en naipes y en esgrima
o en joviales retozos con las camareras,
las noches en su vieja ocupación. Y todo está bien:
sano el vino del país, aunque tan áspero;
el francés es su segundo idioma; un criado fiel
le cepilla el sombrero y le lleva periódico.
El gentilhombre está en su casa en cualquier parte,
pues, como dice el criado, su castillo es su titulo.
Cuidar de un patrimonio sería incómodo
para tareas como las que ahora su señoría tiene entre manos.
Su señoría, dice el criado, prevé
una fructífera ausencia de varios años.
No hay en la Corte amigo que interceda por él?
No lo desea: el destierro es apenas otro nombre
para un antigüo hábito de no residir
en parte alguna, salvo entre los pliegues de su capa.
Esto fue lo que encolerizó a un gran personaje.

(De Cien Poemas)
Trad. Claribel Alegría
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