EL TORSO PENSANTE *
DE GUILLAUME ZACHARIE
La danza contemporánea: una propuesta estética que nos hace tomar conciencia del movimiento y reflexionar sobre la experiencia del cuerpo. Entrevista con el autor de Adiós me quedo, obra ganadora del Premio Escenarios para la danza del IDCT, 2006.
Por Adriana Serrano C.
Las luces bajan de intensidad. En el escenario no aparece más que una gran pantalla y un cuerpo que proyecta su silueta sobre ella. La música comienza a llenar el espacio. El cuerpo sobre el escenario, aún en sombras, inicia el movimiento de su torso como queriendo alcanzar el vacío que lo rodea. Sobre la pantalla aparecen formas, colores e imágenes que se integran al cuerpo en movimiento. Se inicia la función y el espectador ya está dentro de la obra; sin darse cuenta ha sido introducido de lleno en una experiencia que obliga a la participación simultánea de sus sentidos. Los cuerpos de los asistentes a la función se acomodan en sus sillas, el movimiento que observan se va introduciendo en ellos, impulsándolos a sentir cada una de sus partes y les hace tomar conciencia de su rigidez, su letargo o su liviandad. El entorno deja de tener presencia consciente dando lugar a una comunicación de sensaciones con ese cuerpo que se mueve sobre el escenario, con esos brazos y ese torso que despliegan sus movimientos, integrados a la intensidad de la música y a la sucesión de imágenes sobre la pantalla. Asistimos a una función de danza contemporánea. Pronto descubrimos que es inútil encontrar un hilo narrativo o una anécdota que nos sirvan de referentes, porque la plenitud de sensaciones que nos brinda la danza contemporánea no requiere más significantes que su propia expresión del movimiento.

Adiós me quedo, es el título de la obra y Guillaume Zacharie**, su autor, coreógrafo e intérprete. Guillaume es colombiano de nacimiento y de corazón, pero creció en el seno de una familia francesa y pasó sus años de formación dancística en varios países europeos. Con un marcado acento francés, Guillaume nos cuenta: “Decidí regresar a Colombia en busca de mi historia personal, porque yo tengo un pasado con Colombia. Volví con la idea de conocer el país, el idioma y la danza aquí, y decidí quedarme porque tengo, al igual que los demás artistas, el deber de escoger un lugar y de saber en dónde quiero estar aportando cosas. Francia no me necesita, ni Alemania, ni Suiza, pero en Colombia creo que puedo desarrollar y aportar algo, aunque sea un granito de arena, y también porque yo me siento tranquilo conmigo mismo sabiendo que adoro mi país y que le voy a entregar lo mejor, porque todo lo que yo pueda hacer con el arte, estoy seguro, es un aporte contra la violencia".
Adiós me quedo no es un simple adiós, que siempre trae la idea de futuro por lo que vendrá después de la partida, pero tampoco es un me quedo, que es sólo presente estático, explica Guillaume Zacharie; es el futuro traído a un presente que se va construyendo, la ruptura y la continuidad en un mismo instante. Son conceptos difíciles de explicar con palabras, pero la danza contemporánea tiene la cualidad de expresar lo inefable porque nos lo hace sentir y comprender en un mismo acto de percepción y conocimiento simultáneos; la danza contemporánea es, como lo expresa el mismo Guillaume en su ensayo La experiencia del cuerpo, un lenguaje que se emparenta con expresiones plásticas abstractas, crípticas, carentes de argumento claro, pero también más acordes con el mundo moderno porque su carácter expresivo parte de la cotidianidad inmediata del hombre y pone en escena sus conflictos “[…] de manera simbólica, transgresora, aparentemente hermética, pero aún legible para el público común” [Págs. 22-23].
La danza contemporánea es aún poco frecuente en Colombia y cuenta con escasa recepción por parte del público; quizás la comprensión de sus propuestas expresivas se haya visto afectada por una escasa difusión, pero principalmente, precisa Guillaume, porque su alto contenido conceptual y abstracto se opone a lenguajes más figurativos como los de las danzas folklóricas y el ballet clásico, a los que estamos más acostumbrados. Esto no deja de ser paradójico, pues las temáticas expresadas por la danza contemporánea parten de la realidad cotidiana y las problemáticas sociales actuales y, en ese sentido, debería poder estar más cerca de la necesidad expresiva del público. Cabe preguntarnos, entonces, por qué la recepción se dificulta ante propuestas que se alejan del mimetismo. Tal vez la respuesta esté relacionada con una escasa conciencia corporal generalizada, pues no es frecuente concebir el cuerpo y sus movimientos como posibilidades expresivas, aún en lo cotidiano y social. Por eso vale la pena pensar en las palabras de Simona Donato*** cuando plantea la importancia del lenguaje kinestésico “[…] en todos los procesos educativos que tienen como finalidad la formación de personas dotadas de inteligencia crítica” pues la danza, y más exactamente, la conciencia del propio cuerpo y del movimiento, posibilitan la existencia de espacios de comunicación, de intercambios expresivos, porque “[…] saber usar el cuerpo con finalidades expresivas a partir de la conciencia del movimiento sentido es algo complejo y no instintivo, cuya profundización lleva […] a la conciencia de la no-banalidad de cualquier hecho gestual. La danza, en otras palabras, nos incita a pensar”. [Pág. 15]
En este orden de ideas, el montaje escénico de Adiós me quedo explora diversos lenguajes que necesariamente suscitan una reflexión, pues el espectador no puede permanecer indiferente cuando todos sus sentidos se ven implicados en la recepción de la obra. La integración armónica de diferentes expresiones artísticas como el video, la fotografía, la manipulación gráfica de las imágenes y la música original compuesta para esta obra, logran enriquecer la experiencia estética del espectador e inscriben a Adiós me quedo dentro de las más novedosas tendencias actuales de la danza contemporánea. Desde el punto de vista creativo, la fusión del montaje coreográfico con las manifestaciones que aportan las artes visuales implica una perfecta sintonía expresiva que supone una enorme complejidad técnica, sin embargo, esto no se traduce, para el espectador, en complejidad escenográfica, pues la economía de decorados, ambientación y vestuario destaca la riqueza expresiva de la coreografía y elimina la saturación de referentes externos al mismo cuerpo en movimiento. La experiencia estética que suscita Adiós me quedo es, entonces, de una deliciosa riqueza sensorial, todo lo que necesita el espectador está puesto allí sobre el escenario —cuerpo, movimiento, luces, imágenes, sonidos— y para interpretar ese nuevo lenguaje que se le propone no se exige más que su propia experiencia sensible con la corporeidad.

A propósito del proceso creativo de la obra, Guillaume Zacharie nos dice: “Yo trabajo de creación a creación. No sé al inicio lo que voy a hacer, lo único que sé es que quiero expresar algo, entonces me propongo varias cosas y dejo totalmente libre mi inspiración. Cuando yo siento que en medio de todo eso alcanzo a tener algo que expresa, lo agarro, lo cuido muchísimo y poquito a poco lo voy enriqueciendo para que vuelva a decir más cosas. Si yo me doy cuenta que el movimiento no es suficiente, entonces, para enriquecerlo y tener un valor agregado de expresión, le pongo música original, porque eso me permite seguir en mi búsqueda. Cuando ya tenemos la música, el montaje coreográfico se les entrega a los demás artistas —fotografía, diseño gráfico, video, etc.— para que enriquezcan la obra bajo la guía de mi propuesta expresiva. Es un proceso muy largo, pero en este proyecto he tenido la suerte, la fortuna y la delicia de trabajar con un excelente equipo de profesionales”. Guillaume nos relata cómo trabajó la creación de esta obra, primero él sólo en la coreografía, luego por internet, pues los demás artistas se encontraban en Francia, y finalmente, todos integrados en Bogotá, donde se hicieron los ajustes finales. La creación y montaje total de Adiós me quedo no tomó más de seis meses, un tiempo récord teniendo en cuenta todo lo que implicó el proceso creativo; no obstante, fue la obra ganadora del premio de danza 2006 del IDCT, Escenarios para la danza, en la modalidad de danza contemporánea, lo que revela mucho sobre la calidad artística de todo el equipo que estuvo tras su realización °°.
Retomando el título de su ensayo, también ganador, en el año 2003, del premio del IDCT de ensayos sobre danza, preguntamos a Guillaume: ¿Para qué la experiencia del cuerpo, en un país como el nuestro?:“La experiencia del cuerpo para cambiar cuerpos, cambiar cuerpos para cambiar mentalidades y cambiar mentalidades para cambiar situaciones. La experiencia del cuerpo obviamente la tengo que trabajar aquí, porque si hay un país en donde necesitamos cambiar un poco, pequeñas cosas, a diario, creo que es un país como Colombia. La experiencia del cuerpo yo se la deseo a todos, que todos pudiéramos experimentar el arte, la cultura, el conocimiento, la formación. El arte ofrece una experiencia que tiene el poder de hacer cambiar; si no es el cuerpo en el inicio, por lo menos sí el pensamiento. La experiencia del cuerpo y no la experiencia de la matanza, de la violencia, de la injusticia, lo que el cuerpo puede decir sin necesidad de estar armado, de pegarnos o insultarnos. El poder del arte en sí: ésa es la experiencia del cuerpo”.
“Experiencia del cuerpo” es quizás una buena definición de danza contemporánea, pues es justamente lo que le da su principal característica. La experiencia del cuerpo significa tomar conciencia de nuestro movimiento, de nuestra corporeidad y de lo que podemos comunicar con ellos; en el terreno social cotidiano es una de las maneras en que nos relacionamos —casi siempre de manera inconsciente— con las demás personas, por tanto, en el terreno artístico, con la exacerbación de las posibilidades expresivas y significativas del cuerpo y el movimiento, la experiencia del cuerpo se convierte en una de las mejores posibilidades de comunicación “de un alma corporal que nos habita en nuestros actos más simples”. Guillaume se refiere al alma postmoderna, un “alma atómica”, como la define el filósofo René Scherer °°°, “[…] que habita en las superficies y en los objetos, un alma-cuerpo en la que ya no están separados cuerpo, psique y espíritu, sino que están unificados… [por eso], en la danza contemporánea el cuerpo es espiritualidad, la inteligencia es la relación con el entorno, y el movimiento, testimonio de la existencia inmaterial del ser”. [Pág. 40]
* “El torso pensante” es el título de uno de los apartados del ensayo
La experiencia del cuerpo: el papel del lenguaje contemporáneo en la cultura dancística colombiana, escrito por Guillaume Zacharie.
(En: Pensar la danza. IDCT: Bogotá, 2004).
La importancia del torso para la danza contemporánea no sólo se opone a la supremacía que el ballet clásico da a las piernas, sino que alude a la zona abdominal como eje de los movimientos más importantes de la emotividad psíquica. Este concepto fue acuñado por Francois Delsarte, precursor de la danza moderna a mediados del siglo XIX y llevó a muchos coreógrafos “[…] a desarrollar un estilo que naciera de la conciencia del torso como centro de la expresividad dancística”. [Págs. 27-28].
** Guillaume Zacharie es bailarín profesional con una amplia trayectoria internacional en compañías de danza suizas y francesas; en Colombia ha desarrollado una intensa actividad pedagógica y coreográfica. Creador y director, desde 1998, de la fundación y compañía de danza contemporánea “Corriente de Aire”, Fundaire.
Autor de las obras:
Fragmentos de una relación amorosa.
Ojos míos.
Alter Ego.
Mierda, estoy creciendo.
Espira.
Adiós me quedo.



°° Ficha Técnica de
Adiós me quedo:
Guillaume Zacharie,
Dirección, coreografía e interpretación.
(Bogotá – Lyon).
John Edwin Graf,
Música original.
(Lausanne – Suiza).
Olivier Zacharie Oz,
Fotografía.
(París).
Karine Jourdain Melle Ka,
Diseño gráfico.
(París).