Entrevista _______________________
EL PENTAGRAMA DE JUAN CARLOS GARAY
En esta entrevista Garay da las claves de su primera novela y cuenta cómo logró el reto de escribir sobre música, algo que parecía bien difícil.
Por Andrés Felipe Osorio
En su primera novela, Juan Carlos Garay se impuso un reto: escribir sobre música. La nostalgia del melómano* es casi una historia de amor que por poco se convierte en novela de detectives y en algún capítulo parece incluso enfocarse en el espiritismo, pero todos estos son elementos secundarios que sirven a un solo propósito: la música.
La columna de la narración la constituye un supuesto encuentro entre Cheo Feliciano y Eric Clapton en un estudio en Miami donde grabaron una versión de El ratón, el famoso son de Feliciano que dice:
“Mi gato se está quejando
Que ya no puede vacilar
Que donde quiera que se mete
Su gata lo va a buscar…”
El principal escenario de la novela es el almacén de discos de vinilo El cocodrilo discos, administrado por Francisco Talavera (Efe) y Miranda, su asistente. Allí un hombre llega con la supuesta grabación de Feliciano y Clapton. Talavera, gran conocedor de música, no simpatiza con las guitarras eléctricas y es incapaz de reconocer la de Clapton, pero aún así comienza una labor detectivesca para averiguar si ese “encuentro subrepticio en 1974, entre el son montuno y el blues” fue cierto.
Este giro hacia lo detectivesco llama la atención del lector. ¿Por qué Juan Carlos Garay optó por lo policiaco para narrar su historia?
—De adolescente me gustaban las novelas de Sherlock Holmes. Por otro lado, todo periodista** es un detective hasta que arma su historia y resuelve los interrogantes. La metodología usada por Efe es una metodología periodística.
Otra influencia que fundamenta el estilo policiaco de la novela es el cine. Hay una escena en la que Efe es amenazado por un grupo de gángsters que se interponen en su investigación. Es una escena vista en muchas películas: un hombre amenaza a otro con un objeto escondido en el bolsillo de su gabán, llueve a cántaros y el desarmado no tiene más que resignarse. Este momento de la novela viene del cine, confiesa Garay, pero no tiene referenciada la película. Cuando Garay cuenta esta parte de la novela hace otra confesión:
—De entrada me propuse que esta novela no tuviera ni sexo ni violencia. En ese punto se me presentó la escena, no hay ninguna mención a un arma, el personaje empuña algo, con eso el lector hace la suposición. El no hablar de sexo y violencia no fue por pacato, la violencia es un recurso saturado en la literatura colombiana, no me interesa la literatura del sicariato, tampoco los escritores que cuentan sus polvos.
La búsqueda de Efe lo lleva incluso a consultar a un espiritista para que lo ponga en contacto con un ingeniero de sonido, ya fallecido, que pudo ser testigo del encuentro Feliciano — Clapton. ¿Por qué usó Garay este recurso?
—Los temas esotéricos me atraen mucho. Hay algo a nivel de ejercicio, tiene que ver con la verosimilitud. Fue un reto, estoy narrando una obra de ficción que hasta ahora es convincente; pero dónde está el límite, hasta dónde puedo meterme con lo fantástico. El espiritismo me permitía acercarme a esa línea donde se amenaza la incredulidad del lector. Creo que se logra por un truco: sin que se note mucho, desde el comienzo le doy a la historia toques fantásticos.
Ese límite entre la fantasía y la realidad, evidentemente se muestra desde el comienzo de la historia: Efe va por la calle cantando una canción y mientras atraviesa una calle, se cruza con un hombre que va tarareando la misma melodía. En otro momento de la historia, Efe Talavera está pensando en una canción y al encender la radio, la encuentra. Las coincidencias son un tema importante para Garay porque con ellas pretende romper el límite entre la realidad y la fantasía, algo que él considera como un material literario imprescindible:
—Cuando leí por primera vez a García Márquez yo tenía 13 años. Me voló la cabeza como le pasó a él al leer a Kafka; pensé, ¿esto se puede hacer en literatura? A mí, más que el realismo mágico, en el que suceden cosas que son imposibles en el mundo real, como que una mujer salga volando, me interesa lo mágico que tiene la realidad, lo que uno llama coincidencias y en realidad no lo son. Por ejemplo, que en la mañana se piense en alguien que hace tiempo uno no ve y por la tarde se lo encuentre.
La intención de encontrar un estilo literario que no dependa del realismo también se encuentra en la forma como Garay llama a sus personajes: Braulio Sanlúcar, Dámaso Nuovo, Leopoldo Caruso… ¿Por qué le gusta usar este tipo de nombres?
—A través de mi abuela vi las películas de Carlos Gardel y me llamaba la atención que en los créditos aparecía: Carlos Gardel como Roberto Ramírez, y yo me preguntaba cómo Gardel aceptaba llamarse Roberto Ramírez. En la literatura colombiana pasa mucho eso, no sé porqué, para darle realismo tal vez.
Un elemento interesante de la novela de Garay, es que faltando bastantes páginas para que se acabe, el principal motivo de la trama, la grabación Feliciano — Clapton, desaparece. Efe deja de lado la investigación y la trama se centra en la historia de amor entre Talavera y Miranda, su asistente en El cocodrilo discos. Esta novela es como una carrera de postas: un tema reemplaza a otro para que al final, la música sea la ganadora en la competencia por la atención del lector.
Miranda es una hermosa rubia que el autor construyó a partir de tres mujeres de las cuales estuvo platónicamente enamorado. Lo que la une a Efe es su trabajo en el almacén y un gato, Django, que vive con Talavera. El gato es un personaje muy importante en la novela y refleja un aspecto clave en las búsquedas literarias de Garay.
—Yo quisiera que en cada novela mía haya un animal, el reino animal me atrae mucho. Me gusta leer sobre zoología. Es una meta porque el animal actúa como un personaje pero no tiene diálogos, es un ejercicio para la descripción. Con Django me acerqué a lo que puede ser un gato real, pero él, como gato, es único.
Para sorpresa del lector, la historia de amor, al igual que la investigación***, tampoco se concreta. Entonces ¿de qué se trata La nostalgia del melómano? De música. Todo un reto, como lo dice el propio Efe: “cuando uno ha visitado las entrañas del sonido, cuando uno se sumerge día tras día en las ondas serenas y perfectas de la música, adquiere la conciencia y tú lo sabes, la conciencia de que en realidad no hay nada que decir. Por más que uno trate de contar una experiencia musical, las palabras no lo logran: esa es la nostalgia del melómano”.
—¿Qué es lo más difícil a la hora de escribir una trama alrededor de la música?
Evitar la odiosa erudición —dice Garay—. De entrada tenía un problema, para mí la música ha sido una afición de toda la vida y he acumulado muchos datos. No quería que la gente pensara: este tipo escribió esto para demostrar que sabe (según el propio autor, en cada página de la novela, hay un dato sobre música). Tenía que incluir esos datos “eruditos” dentro de una trama. “La trama me venia dando vueltas hacía diez años antes de sentarme a escribirla, me enteré del supuesto encuentro entre Cheo Feliciano y Eric Clapton a nivel de rumor. La tuve dándole vueltas a la posibilidad de que haya sido cierta, comencé a investigar. Cuando terminó la investigación, empezó la novela. Después, las historias más pequeñas fueron saliendo.
—¿Cuáles son tus novelas favoritas sobre música?
—Por encima de todo: Una música constante, de Vikram Seth. Es una influencia directa. Es la única novela que he leído dos veces seguidas. Y El suelo bajo sus pies, de Salman Rushdie.
—¿Qué tipo de novela te gustaría escribir en el futuro?
—Cuando tenía 14 o 15 años me fasciné con Los Beatles. Compré todas las biografías, todas las grabaciones. Me gustaría escribir la biografía de un grupo musical. Inventarlo todo: sus vidas, conciertos, su unión y separación. Me la imagino gruesa. Es un proyecto a largo plazo. El rock ayuda porque tiene héroes, el rock se acerca a las epopeyas: el guitarrista de una banda de rock es el arquetipo de los héroes de las sagas antiguas, en vez de una espada tiene una guitarra eléctrica.
La nostalgia del melómano es una novela refrescante. Los amantes de la música encontrarán cientos de datos sobre este arte, sin sentir que asisten a una aburrida clase para especialistas. La historia termina como empieza: dos desconocidos se cruzan en la calle entonando la misma canción. El círculo se cierra, como un viejo disco de vinilo.
*La nostalgia del melómano.
Alfaguara. Colombia, 2005 (288 p.).
** Juan Carlos Garay (1974) es periodista de la Universidad Javeriana y escribe para las revistas Semana y Rolling Stone. Tiene un posgrado en periodismo cultural por la American University de Washington a donde más que a estudiar en las aulas, dice él, fue a aprender de primera mano en los escenarios donde se tocaba jazz.
*** La investigación sobre la supuesta grabación de Feliciano y Clapton fue un tema que Garay asumió con disciplina. El autor comenzó a hacer sus pesquisas, a recoger datos, los cuales aparecen en la novela. Entrevistó al propio Cheo Feliciano (conversación que publicó en El Malpensante No. 55, en junio de 2004) y cuando le preguntó si recordaba haber grabado una versión de El ratón con Clapton, Feliciano contestó que él había grabado con tantos guitarristas, que le era imposible recordarlo. Además, Feliciano es poco afecto a los ritmos modernos, en esa entrevista dice, “yo nunca he sido seguidor del rock. Lo único que me gusta es un tema de los Beatles, Yesterday”.