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Revista CDArte | :: No. 2 | Junio / 06 :: | La Historia de un Peregrino en Blanco y Negro | |
LA HISTORIA DE UN PEREGRINO EN BLANCO Y NEGROEl Camino de Santiago y la fotografía son las estrellas de esta entrevista con el ganador del concurso Art Hobby, en la categoría menores de 40 años; una iniciativa del Centro Colombo Americano, de Bogotá. El reparto lo completan la disciplina y la técnica.Por Andrés Felipe Osorio
Su triunfo en el Art Hobby* no fue producto del azar, pues siempre ha sido disciplinado con sus hobbies. Es autodidacta: aprendió aeromodelismo, cocina y carpintería estudiando libros sin la ayuda de ningún profesor. Más que en los cursos, cree en la meticulosidad y el orden, prueba de ello es que prepara los capuchinos que ofrece a las visitas con un pequeño termómetro. Paradójicamente, el hobby al que menos atención ha prestado es a la fotografía. Al que más tiempo dedicó fue al aeromodelismo, al que renunció por un problema de visión; una lástima, porque Andrés no sólo volaba sus pequeños aviones sino que también los construía. La fotografía llegó a su vida desde hace muchos años. Su mamá es aficionada y tenía en casa un cuarto de revelado en el que Andrés pasó varias horas de su infancia. Era él, con su disciplina de autodidacta, quien le aconsejaba qué cámara comprar, las especificaciones técnicas de cada una y cuáles eran los lentes más adecuados. Andrés define su estilo como clásico, le gustan los contrastes y le satisface que digan que sus imágenes transmiten sensaciones a la gente. Habla de la técnica como la parte del oficio que más lo cautiva: “el blanco y negro me conviene más porque mis trabajos son de composición sencilla, tiene más carácter, quita información que maquilla. Hay una riqueza oculta detrás del color**.” Al Camino de Santiago, donde tomó las imágenes ganadoras del Art Hobby, no lo llevaron las ganas de tomar fotos sino una necesidad espiritual. La lectura de un libro de Paulo Coelho lo motivó a hacer el camino.“El libro no me gustó mucho, pero la idea subyacente de buscarse a sí mismo a través del Camino de Santiago sí me gustó. No lo hice por un cuestionamiento religioso sino espiritual”. Y claro, una vez tomada la decisión de recorrer los 820 kilómetros, comenzó, muy de acuerdo a su disciplina, a investigar: leyó durante seis meses todo cuanto pudo sobre la mejor manera de hacer la travesía, encargó a Estados Unidos varios libros sobre caminantes. Andrés habla de los true hikers, caminantes profesionales que caminan desde Nuevo México a la frontera con Canadá, bordeando las dos costas de la unión o atravesándola casi por el centro. Leyó algunos libros de estos caminantes, aprendió técnicas de supervivencia y los trucos para llevar la ropa adecuada, el equipaje justo y el cuchillo ideal: “no te sirve el cuchillo enorme de Cocodrilo Dundee sino la navajita de Mac Giver”. Como experiencia vital, el Camino de Santiago le enseñó que en ciertas circunstancias “menos es más”. Por supuesto, la cámara fotográfica era un artículo fundamental en el viaje. Optó por una pequeña Olympus con un lente de 35 milímetros. No usó un gran lente porque eso iba contra uno de los principios del peregrino de Santiago: llevar el equipaje justo. “Si necesitaba el zoom, para eso estaban mis pies. Veía la foto a lo lejos y una hora después la tomaba”. Escuchándolo hablar sobre el Camino de Santiago se percibe que la travesía vino a ser para él una metáfora de la vida misma: “un día caminas junto a alguien que puede retrasarse y desaparecer para siempre, como ocurre con los matrimonios que se acaban; que hoy hagas 40 kilómetros no significa que los vayas a hacer mañana, todo el mundo es igual, si eres un PHD o un enfermero, al fin y al cabo, no eres sino un peregrino. Hacer el Camino de Santiago es tener una lección de vida en tres meses”. Andrés sabe que suena fácil y obvio, pero aclara que la de Santiago es una travesía para afinar la experiencia, no las palabras.
El camino le sirvió para reencontrarse con la fotografía. Tomó 750 imágenes con 22 rollos. Llevaba el material contado, así que no se podía dar el lujo de hacer tres veces la misma toma. Las tres fotografías con las que ganó el Art Hobby son una síntesis del Camino: una, del contexto religioso; otra, de los peregrinos y la última, del camino mismo***. En principio, las imágenes fueron tomadas a color pero Andrés obedeció al instintivo blanco y negro. Usó un proceso de transformación del color empleado para corregir defectos de impresión que aprendió en un libro de artes gráficas. Cuando se quiere imprimir en negro, la tinta negra es más efectiva con un azul bastante oscuro de fondo. La fotografía de los peregrinos se hizo al amanecer. En el original la piedra es naranja pero al pasarla a blanco y negro, empezaron, según Andrés, a aparecer detalles de la piedra y del resto de la imagen: la roca parece liquida y el cambio aporta un aire de fraternidad, da la sensación de que quienes posan son amigos desde hace muchos años, la verdad es que se trata de Andrés —en la cámara— y un par de vascos que lo acompañaron en una parte del camino y luego desaparecieron para siempre. Ese aire fraterno de la fotografía, comenta Andrés, más que por un éxito de la inspiración, se logró gracias al buen uso del azul y el verde en el proceso de transformación a blanco y negro. En uno de los pasillos de su casa Andrés tiene colgadas sus fotos del Camino de Santiago. Están a color. Hay dos que no participaron en Art Hobby pero que bien valen la pena: una, es la de un árbol que da la idea de ser el árbol bíblico del bien y el mal, que se levanta digno y antiguo entre una leve capa de niebla en la imagen; otra, es la foto de la playa, en la costa española, donde termina la travesía; fue tomada al atardecer, con una nube difusa en forma de flecha gigante apuntando al infinito. En esa playa los antiguos peregrinos buscaban una concha conocida como La Vieira, que sólo se consigue allí y que ellos recogían como prueba de haber hecho el camino hasta el final. Claro, los antiguos peregrinos no usaban cámaras fotográficas para evidenciar su proeza. Andrés conserva su concha en un AZ enorme donde archivó los negativos y otros recuerdos. La Vieira es una concha plana y rugosa, es la prueba de que Andrés Schlesinger hizo el camino y la exhibe orgulloso.
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